Mateo Cerezo el joven nació en Burgos en 1637 y se formó como pintor con su padre, Mateo Cerezo el viejo (hacia 1605– después de 1671). Antes de cumplir los diecisiete años se trasladó a vivir a Madrid y completó su formación burgalesa con Juan Carreño de Miranda, atendiendo a la vez a otras sugerencias, como las de Antonio de Pereda que se intuyen en sus obras más tempranas (1658-1660) o como las de Francisco de Herrera el mozo, algo posteriores. En la Corte alcanzó la plena madurez artística y es a todos los efectos uno de los más destacados representantes de la escuela madrileña del Barroco, rápido y cambiante en sus evoluciones estilísticas.
La belleza y sensibilidad las hicieron muy populares después de su muerte y en el siglo XVIII se copiaron y se grabaron. Llegaron a los virreinatos americanos y a Europa, contribuyendo a la fama de Cerezo el joven como uno de los grandes pintores de la escuela española del Barroco.























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